jueves, 10 de febrero de 2011

Fisiognómica



Anoche, los espectros amables del imperio Baker anduvieron revueltos. Oí a NandoNan conversando con ellos, en la habitación contigua, a horas de entrevero entre la realidad y lo onírico. Esta mañana, mi amigo y compañero de estudios aleutianos (incluida la literatura en lengua chukchi), estaba como ojeroso, estragado por una resaca implacable tras haberse embriagado con la caudalosa oratoria de Holmes, quien se entusiasma hasta la arenga cuando habla de su tema favorito: la fisiognómica.

-No sabía que los hubiese de tantos pelajes -me ha confesado mientras la señora Hudson le servía una taza de té aromatizado con sándalo de Anatolia, el brebaje que más estima.

-¿Cómo que "tantos pelajes"? ¿De cuantos pelajes hablamos?

-Dice Holmes, tan seguro de sí como siempre, que hay al menos treinta clases de ávidos y, por lo menos, cinco categorías de siniestros.

Él


Después se ha explayado en la explicación:

-Los ávidos son aquellos que no saben hacer la O con un canuto, pero arremeten y meten codo hasta que alguien, cansado de su insistencia, les da la O y el canuto. Les gusta viajar a Cuba, en plan turismo cultural, que es como el turismo sexual pero sin distracciones ni bobadas, ni playa ni mojitos: sólo rezar y rezar hasta meter. Más luego suelen aparecer en la prensa oficial del régimen, mostrando su apoyo al sanguinario que proceda.

-No me cabe en la cabeza que aún haya gente así, capaz de justificar la mugre estalinista -lamento, todo colmadito de inocencia.

NandoNan me recrimina lo que para él, más que inocencia, es ignorancia culpable:

-¿Qué apoyo ni qué lata de pimientos? ¿No te he dicho que sólo van a meter?

-Ah, bueno. ¿Y meten?

-Los que todavía pueden. Otros se conforman con la viceversa, no sé si me entiendes.

-A la primera.

-Pues a Watson le costó media hora captar la perífrasis.

-Es que Watson siempre ha sido un hombre muy conservador. Hay algunas cosas que no le entran ni a la primera ni a la segunda.

-No sigas, pendejo -me advierte Nandonan -, que no está la mañana para chistes malos.

Continúa con su disertación:

-También los hay adscritos a la categoría de siniestros. Son menos pero más peligrosos. Esos sí saben hacer algo: contorsionarse, intrigar, retorcer y emporcar todo lo que tocan. Con perdón por lo grosero de la frase, son alquimistas en busca de la mierda filosofal. Todo lo que queda bajo su aliento, se convierte en detritos.

-No me digas.

-Pues no te digo.

Otro él


-¿Y para eso estuvisteis de cháchara hasta la madrugada?

-La verdad... Te digo la verdad porque a ti no puedo engañarte, pendejo. La verdad es que Holmes se había puesto bien puesto, con una de sus dosis al 5%, ya sabes, para combatir la melancolía. Después del tractatus fisiognómico nos estuvo contando sus amoríos con aquella bailarina afgana... Seguro que la recuerdas, la hija del sátrapa de Kushân.

-Uff, otra vez esa historia.

-Dejémoslo. Si vas a ponerle pegas a todo, es mejor que lo dejemos.

-Acaba el té, anda, que se enfría.

-Fríos se me quedaron los pies, anoche, cuando Watson preparaba la segunda dosis para nuestro amigo espectro amable.

Nunca coincidimos. NandoNan es un juerguista irredento (domiciliario, cierto, pero juerguista). Yo, por el contrario, a las diez, puntual como la marina austriaca, estoy en la cama. Otra cosa es que duerma. Anoche, sin ir más lejos, no pegué ojo. Me dan miedo las historias de monstruos y el susurro de los espectros cuando relatan la maldad de los monstruos.

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